Hace una semana, después de varios días caóticos y agotadores—mental y emocionalmente—finalmente tuve mi día libre en el trabajo. Sentí alivio. Era mi oportunidad de ir al bosque con mi perro y reconectar con la naturaleza. Respirar. Soltar. Volver a mí.
Pero tan pronto llegué, todo se desmoronó. Había más actividad de lo normal. Una ambulancia llegó. Los paramédicos salieron corriendo. Me crucé con varios perros (y el mío reaccionó como siempre), personas esquiando, haciendo ejercicio, niños del jardín infantil corriendo y gritando…
Y yo, desesperada por un poco de silencio, no sabía qué hacer. Mi santuario estaba en caos.
Más adelante, un hombre me contó por qué los paramédicos estaban ahí. Yo asentí, agradecí, y seguí mi camino—pero por dentro, mi frustración iba creciendo.
Hasta que llegué a un lugar del bosque donde me detuve. Pensé: “No sé si reír o llorar.” Y en ese momento, no con palabras sino con energía, sentí a mis guías.
Me hicieron entender que la paz y el silencio que fui a buscar afuera… no estaban ahí. Porque no son estados externos. Yo soy la paz. Yo soy el silencio. Y puedo caminar en medio del caos sin perderme en él.
Ese mensaje cambió mi día. Solté. Seguí caminando con mi perro, y por primera vez en días, me sentí en paz.
Estos días han sido caóticos… he tenido algunos conflictos, momentos de frustración y rabia, y por más que he intentado volver a un estado de Presencia y meditación, no he podido y me he sentido fallar. Pero esto también me recuerda que soy humana y que meditar y tener una vida espiritual no significa que no se me permita tener emociones como estas. Porque por eso estamos aquí, para aprender a levantarnos y seguir adelante, porque cada vez que retomamos el camino volvemos aún más fuertes. También nos sirve para discernir qué es real más allá de lo que vemos y Hécate me dejo este mensaje:
No te pierdas en la ilusion del mundo. Esto que ves (Matrix) está construída para que pierdas de vista tu esencia a través de estímulos externos. Por eso tus guías y yo también, insistimos en que mires hacia adentro, porque es a través del portal de tu corazón que tienes no sólo acceso a tu verdadero Yo, sino al Universo entero. Concéntrate en tu esencia. Siempre vuelve a tí, así como ya has hecho muchas veces. Caer no es un error.Es sólo un llamado de atención para que vuelvas a tu corazón. Camina como la diosa que eres y no dejes que situaciones externas apaguen tu Luz.
Volver a ti no es retroceder… es regresar al centro donde todo empieza. Donde tu Luz no necesita permiso para brillar, ni tu alma necesita disculpas para arder. Ahí, justo ahí, es donde realmente habitas.
A veces vemos la meditación como ese momento sagrado en el que nos separamos del ruido, del caos del mundo. Un ritual silencioso para conectar con la Presencia. Pero… ¿y si la Presencia no está limitada a un ritual? ¿Y si no pertenece solo a unos minutos sentados con los ojos cerrados, sino que está ahí, esperando en los momentos más simples, más ordinarios?
Hace unos años, estaba caminando con mi perra Bani. Era un día tranquilo de verano. Mientras ella olía todo a su paso, yo disfrutaba del sol, del sonido de los árboles, de la vida a mi alrededor. En algún momento, mi atención volvió a ella, ya era una perra mayor, y comenzaba a tener dificultades para caminar. La observé moverse con calma, detenerse, olfatear, seguir.
Y entonces, algo cambió. Fue como si Bani me llevara con ella a ese estado donde todo se detiene sin detenerse, donde la Presencia no se busca, se habita. En ese instante sentí expansión, conexión… algo vasto, infinito. Se sintió como meditación. Pero no estaba meditando.
Ese momento fue breve, pero inolvidable. Bani me recordó lo que es vivir en Presencia sin esfuerzo, sin rituales. Ese estado que muchos buscamos sentados en silencio, ella lo encarnaba caminando, oliendo, simplemente siendo.
Con el tiempo, mis guías también me han hablado de esto. Me dijeron que el siguiente paso es llevar ese estado de meditación a la vida diaria, integrarlo a cada acción, a cada paso, a cada gesto. Para mí, eso significa no escapar del mundo para encontrar paz, sino llevar paz al mundo a través de mi forma de estar en él. No esperar silencio, convertirme en silencio en movimiento.
Porque no tienes que esperar que todo afuera se calme para sentir conexión. Solo tienes que dejar de buscar fuera… y ver lo que ya está ahí.
Hace unos días intentaba meditar, pero mi mente estaba en todo… menos en la meditación. Ni siquiera podía enfocarme en mi respiración. Estuve así unos diez minutos, frustrada, a punto de rendirme, cuando mis guías me hablaron:
«Baja al corazón cuando tu mente esté muy activa. El corazón no es ruidoso. No está atado al tiempo pues vive en el Ahora. El corazón es expansivo. Es el portal de conexión con lo Divino. Por eso, baja al corazón siempre que puedas. Al hacerlo, sincronizas la conexión entre mente y corazón. No pelees con tus pensamientos. Alínealos con tu corazón. Cuando mente y corazón están en sintonía, la intuición se vuelve clara. Recuerda esta conexión: lleva una mano al pecho y deja que tu atención descienda ahí.»
Y entonces lo entendí: tu corazón ya sabe lo que tu mente aún intenta comprender. No necesitas más respuestas, necesitas silencio. No necesitas seguir buscando, necesitas escuchar. No al mundo, no al ruido, sino a esa voz que que te ha estado susurrando desde siempre. La pregunta es: ¿vas a seguir persiguiendo lógica o te vas a sentar, respirar y dejar que tu verdad se eleve desde adentro? Porque está ahí. Siempre ha estado ahí.
He estado viviendo profundas transformaciones últimamente: en la manera en que veo el mundo, en cómo me veo dentro de él, en cada experiencia vivida y en las que aún están por venir…
Hoy, mientras escuchaba música, me di cuenta de algo. Esa conexión, ese poder y esa energía que suelo sentir en meditación… lo estaba viviendo en ese mismo instante. El poder del Ser cuando integras todo lo que eres—luz y sombras, dudas y momentos de realización. Y de repente, lo vi claro: nada de lo que he vivido ha sido coincidencia. Cada paso, cada desafío, cada instante me ha traído hasta aquí, y por primera vez en mucho tiempo, me sentí plenamente feliz. No solo por este momento, sino por todo el camino. Por lo vivido, por lo aprendido.
Pasé de buscar respuestas afuera a buscarlas dentro. Nos han enseñado a perseguir gratificación instantánea en lo externo, dejándonos con un vacío que nunca se llena. Pero la respuesta siempre ha estado en nosotros. Todo lo que somos, esa expresión verdadera de Amor y Sabiduría, ha estado ahí desde el principio. Cuando conectamos con ello, somos verdaderamente libres. Y en esa libertad, comenzamos, al fin, a Ser.
Cuando dejamos de buscar afuera y comenzamos a vivir desde dentro, nos convertimos en lo que siempre fuímos: creadores, libres, completos.
Hace unos días tuve una experiencia… interesante. Estaba sola con los niños en la casa ya que mi marido estaba en un torneo de ajedrez. Mi hijo mayor estaba en la planta baja jugando video juegos y yo en la ducha. Al salir del baño, camino hacia donde estaba mi hijo y, de repente, ecucho la voz de mi marido. Clarísimo:
«!Hola!».
Me detuve en seco. Él no estaba en casa.
Por un momento pensé que tal vez había regresado temprano porque estaba cansado. Le pregunté a mi hijo si su papá había llegado. «No», me dijo, «no he esuchado nada»
Me fuí a la habitación donde suelo meditar, tratando de entender lo que acababa de pasar. Me senté, observando el espacio a mi alrededor, y entonces lo ví. Una sombra pasó por la ventana. Intenté dejarlo ir y comencé a meditar como había planeado, pero incluso con los ojos cerrados, la voz de mi marido volvió a resonar en mis oídos.
Sabiendo que no estaba en casa y que seguramente se trataba de una entidad pregunté:
-¿Hay alguien aquí?, silencio. Un momento pasó. Y luego…
-«Si»
-¿Quién eres?, ¿qué quieres?.
-«Conocer».
-¿Conocer qué?. Silencio de nuevo, hasta que finalmente:
-«No voy a hacer daño»
Mientras intentaba procesar la situación, sentí que la conexión con mis guías se abría de golpe. Su mensaje fue inmediato, sin rodeos:
«Cuidado, no abras la puerta. Hay cosas que es mejor no dejar pasar. Te estamos protegiendo, y a los niños, pero no abras todas las puertas que se presenten. Puedes llamar a Hécate también, ella también te puede ayudar».
Y entonces la energía cambió de nuevo.
Tuve una visión donde me ví rodeada de una burbuja de luz sostenida por mis guías, y sentí muchas entidades alrededor intentando entrar en contacto conmigo. Me invadió una inquietud profunda y comencé a sentir miedo, pero respiré profundo, recordé lo que mis guías dijeron y me enfoqué en Hécate. Su energía fue inmediata, fuerte y directa.
«Tú también sostienes la linterna. Portadora de luz. Tejedora de luz. Ordena al mundo que se adapte a tu voluntad. Eres el arquitecto, el constructor. Tú das vida. Entra en tu poder. Esto es lo que tu eres. Caminas entre mundos. Sé completamente tú, sin vergüenza, sin presión, solo tú. ¡Da un paso ahora!, ya sabes qué hacer.»
Y lo hice. La luz se expandió a mi alrededor, intensa, sin resistencia. Y cuando la energía finalmente se asentó… no había más sombras.
Presencia e intención es algo que he estado integrando en mi vida de la mano de mis guías, porque no se trata solo de una experiencia que ocurre en meditación, sino que puede formar parte de la vida diaria. Mientras medito, puedo sentir y ver los hilos que nos unen a todo. He visto cómo vamos hilando energía con nuestras acciones, pensamientos y emociones… Por esto, estamos en creación constante, seamos conscientes o no.
Ellos dicen: «Presencia e intención en todo momento es lo que te alinea a tu propósito, a tu plan de vida, desde la neutralidad y la aceptación. Puedes imbuir objetos, espacios, y todo lo que tocas, con tu energía. Por eso, sé consciente de qué estás creando, qué energía estás dejando en el mundo. Creas en todo momento, no solo cuando te sientas a escribir en el blog o a crear una publicación para Instagram. Tu energía habla por ti. ¿Qué huella quieres dejar en el mundo? Obsérvate.»
Esto me hace recordar una frase de Ojo Loco Moody en Harry Potter: «¡Alerta permanente!» Estar alerta a qué estás haciendo con tu energía en forma de pensamientos, palabras y acciones. Al practicar esto en mi vida diaria, he tenido momentos de sentir que estoy caminando entre mundos, que estoy en contacto con TODO, viendo y sintiendo la energía mientras estoy también en mi vida diaria. Me ha enseñado también a ser más amable conmigo misma, porque mientras que es algo que intento mantener, también tengo momentos de sentir frustración, ansiedad, rabia… y es normal y está bien. Pero ya no me engancho por tanto tiempo a estas emociones. Me enfoco en la chispa en mi corazón, recuerdo quién soy y sigo adelante… caminando entre mundos.
Hoy quiero compartir mi experiencia con Hécate, y dejar claro que no soy experta y es mi camino el que me llevó a ella… o más bien ella llegó a mí. La primera vez que supe de ella fue hace unos años, luego de la muerte de mi perra Bani, en ese momento sentí un llamado, compré unos libros, incluso llegue a pedirle que me ayudara a encontrar un nuevo perro!, pero viendo videos en YouTube y sin nadie a quién preguntar, dejé esto atrás y seguí con mis meditaciones y caminatas por el bosque.
Hace poco volví a sentir el llamado de Hécate, comencé a ver señales por todas partes y esta vez sí, en una meditación y con intención le abrí la puerta su presencia. La sentí envolvente a mi alrededor y con una presencia enorme y muy poderosa, encendí una vela blanca y entonces ella habló, sus mensajes suelen llegar en inglés, tal vez porque en mi día a día paso de un idioma a otro, y a veces me sintonizo más con el inglés que con el español, así que escribiré tal cual lo que ella dijo y luego lo traduzco:
«Stand tall!, I am surrounding now. Warrior. Together we will walk through shadows and forest. Reclaim your light, your Power. Is time. Don´t be afraid, I already know your heart».
«¡Ponte de pie con fuerza! Estoy rodeándote ahora. Guerrera. Juntas caminaremos a través de las sombras y el bosque. Recupera tu luz, tu poder. Es tiempo. No tengas miedo, ya conozco tu corazón.»
Sentí toda su fuerza y su poder, sentí que llegó a mostrarme algo de mí que me ha costado reconocer, a empujar mis límites, a ser más de lo que soy o de lo que me permito ser. Me mostró también que ya hemos caminado juntas antes.No es un nuevo camino, es un regreso. Sólo tengo que recordar.
Siempre he sentido que la naturaleza me llama, incluso en medio del concreto y el ruido de la ciudad y ahora tengo la suerte de estar viviendo cerca a la naturaleza, todavía con las facilidades de una ciudad pero con un bosque maravilloso cerca, y es aquí donde he tenido las experiencias más maravillosas y enriquecedoras, por eso quiero contar cómo siento que esta cercanía ayuda y apoya en el despertar espiritual.
Comencé con un curso de comunicación telepática con animales, y las prácticas en este curso fueron haciéndose cada vez más profundas, porque aunque creí que iba sólo a comunicar con animales, la verdad es que encontré mucho más. Mi maestra comenzó diciendo:»La salida es hacia adentro», esta frase no tuvo mucho sentido hasta un tiempo después, cuando me dí cuenta ella enseñó que primero tienes que conocerte a ti mismo para poder comunicar con los animales. Sus enseñanzas me han llevado a un nivel más profundo no sólo conmigo misma sino con la naturaleza, porque ahora me doy cuenta que cuando comienzas a conectar contigo mismo comienzas a conectar con todo lo demás. Y es en este tiempo que comencé a vivir el bosque de otra manera, desde el guardian del bosque hasta los elementales, los árboles…. me han enseñado mucho, como dijo mi perro Milo: toda la sabiduría está aquí, me han enseñado presencia, silencio, armonía, integración.
Un día, mientras caminaba con Milo por el bosque, un ruido fuerte e inesperado rompió la tranquilidad. Milo se asustó de inmediato, su cuerpo tenso, su mirada alerta, listo para reaccionar. Yo también sentí el impulso de sobresaltarme, pero en ese instante el bosque me mostró algo: cuando estás en Presencia, alineado en tu centro, el caos puede ocurrir a tu alrededor y, sin embargo, no te afecta.
Observé a Milo y, en lugar de dejarme llevar por el miedo, respiré profundo y me enraicé en el momento, sintiendo la solidez del suelo bajo mis pies, la calma inmutable de los árboles. La energía del bosque era clara—no había peligro, solo un ruido repentino. Fue entonces cuando noté algo hermoso: al verme tranquila, Milo también comenzó a relajarse. No necesitaba palabras, solo sentir mi estado para encontrar el suyo.
Ese día comprendí que la naturaleza nos enseña sin esfuerzo, sin discursos. Nos muestra, nos guía, y si estamos dispuestos a escuchar, nos revela verdades que transforman la forma en que caminamos por la vida. El bosque sigue ahí, enseñando en cada hoja, en cada susurro del viento. No hace falta hacer grandes preguntas ni esperar respuestas inmediatas. Solo basta caminar, respirar y estar presente.
Porque la naturaleza nos llama. La pregunta es: ¿estamos listos para escucharla?