
Siempre he sentido que la naturaleza me llama, incluso en medio del concreto y el ruido de la ciudad y ahora tengo la suerte de estar viviendo cerca a la naturaleza, todavía con las facilidades de una ciudad pero con un bosque maravilloso cerca, y es aquí donde he tenido las experiencias más maravillosas y enriquecedoras, por eso quiero contar cómo siento que esta cercanía ayuda y apoya en el despertar espiritual.
Comencé con un curso de comunicación telepática con animales, y las prácticas en este curso fueron haciéndose cada vez más profundas, porque aunque creí que iba sólo a comunicar con animales, la verdad es que encontré mucho más. Mi maestra comenzó diciendo:»La salida es hacia adentro», esta frase no tuvo mucho sentido hasta un tiempo después, cuando me dí cuenta ella enseñó que primero tienes que conocerte a ti mismo para poder comunicar con los animales. Sus enseñanzas me han llevado a un nivel más profundo no sólo conmigo misma sino con la naturaleza, porque ahora me doy cuenta que cuando comienzas a conectar contigo mismo comienzas a conectar con todo lo demás. Y es en este tiempo que comencé a vivir el bosque de otra manera, desde el guardian del bosque hasta los elementales, los árboles…. me han enseñado mucho, como dijo mi perro Milo: toda la sabiduría está aquí, me han enseñado presencia, silencio, armonía, integración.
Un día, mientras caminaba con Milo por el bosque, un ruido fuerte e inesperado rompió la tranquilidad. Milo se asustó de inmediato, su cuerpo tenso, su mirada alerta, listo para reaccionar. Yo también sentí el impulso de sobresaltarme, pero en ese instante el bosque me mostró algo: cuando estás en Presencia, alineado en tu centro, el caos puede ocurrir a tu alrededor y, sin embargo, no te afecta.
Observé a Milo y, en lugar de dejarme llevar por el miedo, respiré profundo y me enraicé en el momento, sintiendo la solidez del suelo bajo mis pies, la calma inmutable de los árboles. La energía del bosque era clara—no había peligro, solo un ruido repentino. Fue entonces cuando noté algo hermoso: al verme tranquila, Milo también comenzó a relajarse. No necesitaba palabras, solo sentir mi estado para encontrar el suyo.
Ese día comprendí que la naturaleza nos enseña sin esfuerzo, sin discursos. Nos muestra, nos guía, y si estamos dispuestos a escuchar, nos revela verdades que transforman la forma en que caminamos por la vida. El bosque sigue ahí, enseñando en cada hoja, en cada susurro del viento. No hace falta hacer grandes preguntas ni esperar respuestas inmediatas. Solo basta caminar, respirar y estar presente.
Porque la naturaleza nos llama. La pregunta es: ¿estamos listos para escucharla?